21 Ene Entrevista a Gonzalo Ilabaca
Gonzalo Ilabaca
El artista autodidacta y declarado ciudadano Ilustre de Valparaíso, Gonzalo Ilabaca, plantea las consecuencias del olvido de la energía vital que viene del mar, representado en el cierre del borde costero como punto de origen y de la riqueza de esta ciudad patrimonio de la humanidad.
En sus primeros dos años como artista, en 1982, Gonzalo Ilabaca llegó a participar en una bienal en la ciudad de Valparaíso. Desde ahí, tan solo 10 días bastaron para que se transformara en su nuevo espacio de inspiración, asentándose en Playa Ancha desde donde retrata la idiosincrasia de la vida del puerto y sus habitantes.
¿Cómo aborda tu arte el mar?
El pintor puede ver el puerto desde arriba, hay ciudades planas donde ni lo ves o está separado del resto de la ciudad y para mí pictóricamente, era atractivo ver las grúas desde el paseo 21 de mayo, tener visiones portuarias. Con mi caja de pinturas poder entrar a un bar y producir confianzas para que te cuenten su vida, pasaba a ser un cronista de este lugar. Este fue mi primer acercamiento con Valparaíso.
Mi abuelo venía del campo y él fue marino, sin conocer el mar ingresó a la Escuela Naval, después cuando nació mi papá se fueron a Santiago. Yo solo venía de paseo a Viña del Mar y Valparaíso.
Cuando vine por mi cuenta reconocí que me encantaban las ciudades que tuvieran agua, porque Santiago solo tiene ríos, lagunas, lagos. Siempre me gustó la vida marítima, pero yo llegué por el lado del arte y me quedé. La historia del Roland bar para mí era extraordinaria porque era la mezcla perfecta entre el marino que llega, tiene su amor, trae la bandera de su barco, las vistas portuarias, los diques, las grúas; un anfiteatro que te permite ver el mar desde todas partes.
La pintura es imagen y no relato, por lo mismo escribí un libro “Valparaíso Roland Bar” con historias que no se pueden pintar, donde incluía pequeñas biografías de chicas de la noche, lancheros, poetas, técnicos, pescadores, de todo tipo de personajes. El porteño sabe relatar sus historias y las quiere contar, entonces comencé pintando estas escenas marítimas, sin embargo, después me empecé a olvidar de estas historias y me di cuenta que la ciudad tenía otras problemáticas.
Valparaíso para moribundos
¿Por qué esta ciudad está tan decadente? Desde ahí surge el libro del hambre donde comencé a relatar y pintar al mismo tiempo, algo que generalmente no se hace en pintura.
Cuando estuve en México viviendo un año, vi que en las animitas o cosas religiosas, pintan en una latita las formas en que las personas mueren y la ponen en la iglesia mezclando pintura con relato. Ocupando el mismo sistema y el libro rojo de Jung, empecé a hacer el “Libro del Hambre”, los cuadros los reproduje a un mismo formato contando una historia sobre la problemática y qué significa una ciudad puerto, en “Valparaíso para principiantes y moribundos”.
Cualquier persona que llegue a la ciudad, como para principiantes y también para moribundos, uno pasa a ser moribundo porque la ciudad se está muriendo. Me concentré en que la imagen tenía que tener un relato y orden, entonces pensé directamente en ¿qué es una ciudad puerto? ¿qué es Valparaíso? ¿cuál es la idiosincrasia del porteño? ¿cómo habita el anfiteatro?
En esa pequeña introducción a Valparaíso que es el libro, está relatada a través de pinturas de forma bastante simple, mi visión panorámica y crítica de la ciudad, hablando del mito y de la realidad al mismo tiempo. Esto en cuanto a pensamiento, lugares, personajes, formas de ser y de forma crítica porque al no nacer aquí, uno no cuenta con las mismas vivencias del porteño que nació y se crio acá, lo mira desde afuera y lo mira con cariño, pero también con críticas.
Desde ahí pude encontrar el porqué de la decadencia de la ciudad y en el fondo llego a la conclusión de que en Valparaíso, que es una ciudad puerto, nadie sabe qué es una ciudad puerto. Es decir, aquí se habla de los problemas de la ciudad, pero estos problemas los tiene cualquier lugar de Chile, el desorden, vivienda, salud, trabajo.
No bastaría que el problema lo sepan 5 personas. Uno es lo mismo que nadie y ¿quiénes son esos nadie? Ni el alcalde, ni el gobernador, ni los rectores de universidades, ni artistas, comerciantes ni el mundo del patrimonio; no se han puesto a estudiar que es una ciudad puerto. Es una comunidad entera que olvidó su origen marítimo.
Energía Vital
Esta ciudad de alguna manera me hizo sentir como pintor. No es cualquier ciudad me dio las ganas de vivir en un lugar donde pudiera comunicarme con la gente, que yo pudiera pintar escenas que no es la historia del arte, es tu propia vida en un lugar. Y estudiando las ciudades puertos, me di cuenta por qué me gustó a mí y por qué es la más pintada de Chile, la más musicalizada, algo tiene esta ciudad que atrae e inspira tanto a los artistas.
Como pintor de Chile y en Chile, te salva la vida porque te da un motivo potente de existencia conocer esta ciudad. Al final, cuando uno decía que Valparaíso era una de las ciudades menos chilenas en nuestro país, hoy es más chilena que todas las otras, producto que, hoy aquí hay una idiosincrasia, pese a que antes solía ser la más cosmopolita.
Las ciudades puerto tienen motivos que estimulan la creación de cualquier área, cuando una ciudad tiene como dios principal el comercio, es todo. Se mezclan las mercaderías, culturas, son promiscuas estos lugares, son peligrosos, las ciudades puertos son más abiertas moralmente.
Estas condiciones son pastos, estímulos para el arte, mostrando al ser humano tal cual es, en todas sus variables, entonces hace que al ser multiculturales y a uno como pintor le dan un condimento potente. Desde ahí fui plasmando en el libro por qué son importantes las ciudades puertos, quien domina el mar, domina la historia.
La condición más importante de Valparaíso
La diferencia entre el teatro y el anfiteatro es que el teatro es unidireccional, la gente ve sin influenciar en el espectáculo. Mientras que el anfiteatro, es como la cancha de fútbol, hay actores en la cancha, pero también en las tribunas por lo tanto el espectáculo lo hacen todos. Yo he preguntado quién acuñó este concepto, que marca la diferencia, porque el porteño al ser parte y al saber relatar su historia, es un aderezo más de la ciudad puerto.
No es solo mirar en perspectiva al mar, si no que esa condición de anfiteatro es promiscua, porque se ven unos con otros y desarrollan una personalidad de supervivencia, de colores, culturas, ideas, chismes, tragedias; todas esas cosas que son sobre la historia del mar, arman un conjunto que es demasiado potente.
Valparaíso está conectado con la historia de los fenicios, el anfiteatro y su historia marítima. Cuando estaban los changos, el mar era el origen de su estadía, cuando llegaron los españoles pusieron a Valparaíso como puerto principal, cuando llegó el siglo 19 y llegan los inmigrantes y que sí sabían de ciudades puerto, cambiaron esta aldea de pescadores y galpones de mercaderías mercantes para crear este emporio del pacífico. Todo por mar.
Esta ciudad no tenía plan, no tenía una unidad entre la ciudad con el puerto y ellos hicieron una transformación urbana, como Josué Waddington, que en el siglo 19 se da origen a este emporio urbanístico en el Pacífico. Además, en el siglo xx, otra obra colosal fue el molo de abrigo para que la ciudad estuviera protegida de los vientos.
Pero bastaron cuatro minutos para que desde 1906, tras el terremoto, se perdiera toda esta inversión, como una primera decadencia. A ello se suma la construcción del canal de Panamá, la invención de los conteiners, el puerto de San Antonio; de ahí que la gente que trabajaba con el mar ya no tenía cabida y fue alejándose de esta energía vital.
Se alejó además urbanísticamente porque el borde costero fue cerrado para la cosa portuaria y la ciudad, los porteños tienen amnesia del mar y toda la decadencia de Valparaíso yo la atribuyo a ese olvido del mar porque esa fue la energía vital del chango, del colono, del emigrante europeo.
¿Tiene el puerto de Valparaíso potencial hacia el futuro?
El Estado, los porteños, las instituciones, políticos, se olvidaron de la energía que viene del mar y al deteriorarse las construcciones se deteriora el espacio público, que es todo. Hay un círculo maldito que inicia con la pérdida de la relación con el mar, se deteriora la ciudad, después el espacio público, el comercio, el vínculo del porteño, el cariño, la educación con la historia; cuando se cae un patrimonio, es irreversible.
Hay una cosa que es la zona costera que es el origen de la ciudad, por qué no invertir ahí. No se puede entrar al borde costero de la ciudad por ende no puedes entrar al lugar donde se originó la riqueza de la ciudad. Todo el anfiteatro mira al mar y todo el plan es aledaño al borde costero, por ende, este lugar es la vocación y centro social de Valparaíso.
Actualmente son dos empresas estatales las dueñas de ahí, no hay que expropiar a nadie, son dos empresas del Estado quienes deberían hacer un buen diseño del lugar para que se restaure la ciudad. De ahí estimular con normas patrimoniales, con normas de incentivo y todo lo que es seguridad, orden debería plantearse desde cuál es la visión de Valparaíso hacia el siglo XXI.
La visión oceánica
Lo que debería hacer esta ciudad en su imaginario colectivo es cuestionarse cómo puedo restaurar la ciudad; para hacer comercio local, restaurar un borde costero de calidad de manera de influir hacia el plan. El futuro debería ser restaurar lo que ya hay porque lo más difícil lo hicieron las generaciones antiguas y lo más fácil debería ser que nosotros mantengamos lo que ya se hizo.
En la búsqueda de una visión colaborativa, con las instituciones, los navales, universidades, bomberos, turismo, comercio local; lo veo difícil porque no lo veo por ningún lado, ni siquiera hay nuevas figuras políticas que quieran restaurar la ciudad con el mar. Aglutinarse en una fuerza maciza, que no se puede hacer sin el estado porque esta ciudad le da mucha plata al estado, es importante que los puertos funcionen bien para que la economía chilena lo haga.
Cada institución y autoridad habla su propio lenguaje, sin diálogo. No hay visión colaborativa de visión de futuro, la idea se diluye al no encontrar ese punto de conexión. El Estado debe tomar el rol de resguardar donde los concesionarios no tienen que estar pendientes del patrimonio, como responsabilidad con una ciudad universal y patrimonio al mundo, junto con que la ciudad no se defendió a sí misma.
