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Entrevista a María Ignacia Flores

María Ignacia  Flores

Arte y mar reproducen los retratos de María Ignacia Flores, fotógrafa, rescatista y nadadora de aguas abiertas, quien además reflexiona sobre la importancia de transmitir la cultura oceánica y los impedimentos que suponen la privatización de los espacios.

Desde pequeña estuvo involucrada con el océano, en sus primeros viajes familiares y las excursiones de navegación que realizaba junto a su abuelo que pertenecía a la marina. Experiencias que permitieron conectar con la fotografía, como una ventana para representar su pasión por el mar, el movimiento, el oleaje y también la privatización que existe en el borde costero de Valparaíso.

¿Cómo se vincula tu arte con el mar?

Siendo un país en el que estamos alrededor del océano de sur a norte, existe esta poca cultura oceánica, es así que busco transmitir desde el rescate y la natación, el conocimiento de cómo funciona el mar porque si estudiamos o estamos con alguien que nos enseña y nos quita el miedo para estar en conexión, no es peligroso. Siempre van a estar las precauciones, cuando estás aprendiendo es bueno ir acompañado con alguien, conocer las corrientes, percibir el mar, conocerlo, observar y enseñar esta cultura para potenciar la cercanía a los mares.

Valparaíso y rescate

En Valparaíso tuve mi peak para decidir trabajar como rescatista, un poco antes de la pandemia. Llevo casi cinco años ejerciendo, y todo viene también de la voluntad de entregar este conocimiento. Partí siendo rescatista en caletas: Portales, y en Torpederas, mis playas pioneras del puerto.

Me gusta mucho retratar el mar en marejadas, siento que desde ahí viene el miedo y el poco conocimiento, que, para mí un mar revuelto, me hace aprender de todo esto ligado al rescate. Esta labor viene de cuando el mar está en malas condiciones, entonces para mí el mar viene ligado al arte en poder involucrarme.

Yo no soy oriunda de Valparaíso, llevo nueve años aquí, mis abuelos son de acá y me llamaba mucho la atención la poca cercanía de las personas con la costa, en el sentido de estar en contacto y por lo mismo he estado en proyectos para potenciar esto.

Me impresiona que no exista este enganche de estar en la parte oceánica, ni la parte de investigación, de ver esto cerrado. Yo creo que es debido a que tus sales y no vas directo al mar, hay un borde costero cerrado, es un mar que no tiene arena, está el puerto siempre intervenido y no hay ganas. Hay más actividades turísticas en los cerros, y en los barrios.

 Yo hice un proyecto fotográfico, que habla de la incorporación de las personas en el mar y me doy cuenta que a muchas personas que les comienzo a contar de mi experiencia como rescatista, obviamente se asombran y les da ganas de entrar al mar. Yo soy una persona empática en esto de incentivar para que lleguen al mar y hagan actividades.

Además, falta comunicación, recién en las noticias están informando qué son las marejadas y para que la gente vaya involucrándose más en eso, entonces también nace el intento de abrir esta actividad náutica oceánica en Valparaíso. También de mostrar visual y fotográficamente al mar en su estado más complejo que son las marejadas, hasta más adelante las actividades náuticas.

¿Qué suceso marcó tu decisión de ingresar al mar físicamente y mezclarlo con el arte?

Siempre en mi vida he intentado involucrar el arte que es muy emocional, dentro de lo que hago con el trabajo para poder expresar con mi testimonio lo que estoy intentando enseñar cómo es perder el miedo al mar. Estamos muy desapegados de la naturaleza, y hay que tener ese vínculo porque estoy 100% segura que, si a una persona le dio miedo estar en el mar y le ayudas a involucrarse, no de forma arrebatada, en la parte emocional va a perder muchos miedos.

Tengo la necesidad de ayudar y poder hacerlo en el mar, donde siento que aquí en Chile tenemos mucho, pero falta el conocimiento de rescate, el profesionalismo. Yo cuando soy rescatista siento que me tomo un papel donde me estoy jugando la vida y la muerte, al igual que los bomberos, estás ayudando a alguien que puede morir.

Yo en el estallido social y la pandemia estuve fotografiando y de ahí nace esta decisión de ser rescatista, que la verdad nunca pensé. Esta ciudad me hizo desapegarme del mar y romper esa barrera, acercándome desde el rescate y tratando de mostrar en la fotografía lo que es la privatización para lograr que de aquí a unos años podamos tener una cultura donde veamos la costa con actividad, gente disfrutando, navegación. Estando en un hábitat más oceánico.

¿Cuáles son los desafíos que ves que tiene Valparaíso como ciudad oceánica y como puerto patrimonial?

Yo estuve trabajando con la parte náutica de los naufragios, siento que debemos seguir educando de forma colectiva, potenciar el turismo oceánico, falta mucho. Debería haber movimiento en el mar, porque empiezan con el extremo de la contaminación, pero de qué estamos hablando si estamos contaminando todos los días en general sin tener esta visión oceánica.

Cuando hay más actividad en el mar, hay menos contaminación porque va a existir más educación y la gente empieza a cuidar donde quiere estar, mayor conciencia ambiental. Cada vez más gente apasionada va abriendo espacios a que haya más interés.

Una parte importante de esta mezcla que realizo de arte y mar con el rescate, busca conquistar las aguas de Valparaíso privatizadas para conocer cada rincón de la costa. En Playa Ancha existen acantilados peligrosos, pero en la disciplina se puede fomentar visualmente esta conquista de mar, nadándolos.  No hay otro punto donde aprecies y veas lo hermosa que es la ciudad, este casco patrimonial que tenemos en muchos sentidos.