04 Feb Entrevista a Hernán Magnatera
Hernán Magnatera
El dueño de la empresa Naveguemos, Hernán Magnatera, pionero en turismo azul en la costa de Valparaíso, reflexionó sobre algunos estigmas y desafíos que existen en torno a las actividades acuáticas.
Cuando llegó a Chile, desde la ciudad argentina de Salta, con destino a la Serena en 1991, Hernán Magnatera lo primero que quiso hacer fue concretar una travesía en kayak, hasta ese momento el mar para él era solo una postal. Sin embargo, años más tarde estando casado y con hijos, al encontrarse en Valdivia con un barco del año 1948, logró establecer su relación con el océano, y dando inicio a su camino de abrir espacios cuestionando ¿por qué nadie más navega?
Se concibe la vela como que tienes plata, y en el barco no vas a comer más de lo que comes en la casa. Si tienes 10 millones y yo mil pesos, en el mar valemos lo mismo, no tenemos donde gastarlo, tenemos que cuidarnos; ese es un estigma mundial.
Fue así que en 2010, traje el barco desde Valdivia y lo puse en una boya, pasé una semana lustrando, limpiándolo sin animarme a ir de un lugar a otro. Asique un día prendí el motor, preguntándome ¿qué tan difícil puede ser? por lo que decidí ir a la mitad de la bahía de Valparaíso donde no iba lastimar a nadie, y cuando me atreví y levanté mi vela, no la volví a bajar más.
Turismo Azul
Así empezamos con mi esposa “Naveguemos”, con servicios de pedidas de manos, cumpleaños, viajes especiales, mientras que de forma paralela tenía con mis hermanos una empresa familiar. Decidí dejarla en pandemia, vender mi parte porque ya no me llenaba.
En 2021, con ese dinero llega a fines de diciembre Betonia, el mi sueño era hacer Robinson Crusoe. Entonces pasé de habitar un velero con muy poco espacio, ahora a un velero que partió en Seattle, hasta llegar a Quintero en la quinta región.
Con este proyecto nos acabamos de inscribir en Airbnb y ya tenemos reservas, viene gente y es una experiencia donde llegas a adquirir un servicio y ahora vamos en vía de generar una OTEC para enseñar a personas que tienen que trabajar porque para estar a cargo de un velero tienes que ser patrón de nave menor.
Yo soy radioperador, patrón de nave menor y también llegué a ser capitán de altamar, esta licencia no se rinde como examen, es solamente demostrable a través de horas, experiencias, recaladas, zarpes. Ningún barco es igual a otro, ningún mar es igual a otro, de hecho, he tenido la suerte de navegar otros océanos y el Pacífico es el más difícil.
¿Cuál es tu visión de la falta de proximidad del porteño con las actividades náuticas?
Yo creo que la gente no se vincula con estas actividades porque no hay ingresos. Es más fácil ir con tus hijos a una plaza porque tuviste la oportunidad de llevarlos gratis, pero estas son actividades que necesitas dinero. Imagínate si tuviéramos una marina libre, donde no te digo que no tengas que pagar, si no que existan lugares donde puedas acceder por el día, a recargar petróleo, agua, reparación, lavanderías, cosas que generalmente necesitas cuando vienes de altamar.
Creo que el círculo virtuoso que genera la vela y que mucha gente no ve, si logramos abrir al mar a toda la gente que lo ve solamente como una postal, también vamos a crear un círculo que tiene que ver con lo que se ha perdido, con la técnica de hacer cosas como coser una vela, calafatear un velero, barnizar, etc.
Hacia el sur, por ejemplo, Dichato, Valdivia tienes una marina mucho más libre, pero qué pasa, son zonas bellísimas, pero están lejos, tienes que pagar avión, llueve casi todos los días y no sales a navegar así. Por lo mismo la Quinta región debería ser el centro de navegación porque tenemos pocos días no navegables, en 2023 fueron escasamente 17 días. En verano los tiempos son más arrachados, más intensos dado a los surazos. En invierno los vientos son más calmos, cuando vienen son duros, pero en general son mucho más agradables.
Sin darte cuenta, cuando puedes llevar a los niños a estos espacios, los alejas de las drogas, de la calle, el mar es muy especial, los navegantes son muy especiales. Te obliga a llevarte bien contigo, si no, no puedes navegar, si no eres capaz de estar en silencio, esto no es para cualquiera. Y más desde lo emocional, te desconectas, no puedes ducharte todos los días, comer lo que quieras todos los días.
Cultura Oceánica
El mar es sinónimo de simpleza, es muy similar a tu vida, necesitas trabajar no todo el día pero sí todos los días, necesitas estar en un estado físico activo, agradeces un plato de comida, cuando ves llegar un navegante lo primero que haces es acercarte, ver lo que necesitas, y aunque no lo conozcas, pasa a ser tu hermano de mar.
Para mis los barcos tienen personalidad, vida, Betonia me habla, ella me habla cuando las velas golpean, entonces por ejemplo mi barco anterior era mi compañero, el caballero mientras que ella es la matriarca, la que me cuida.
El sentido que quiero dar es volver a la esencia de la vida, me gusta mucho traspasar eso en cada viaje, donde quiera ir la gente, dividiendo las tareas del barco. De todos los viajes que tengo, todas las personas quieren ser parte de la tripulación, quieren aprender, les cambia la visión del mundo.
¿Cómo puede Valparaíso superar los desafíos que existen en torno a las actividades en el mar?
Valparaíso me enamora por una razón bien clara para mí, acepto la sociedad como la vea, amo esa ropa colgada en las casas, la cultura especial pero tienes que verla con ojos bonitos porque cuando te sientes inmerso en ese modelo, te deprimes. Porque está mal que la gente no tenga espacio para colgar ropa, que los perros estén en la calle; pero la forma de entender que está bien, es respetando y colaborando. Yo creo que es una ciudad que no va cambiar y por eso aprendí a unirme a la gente, que es maravillosa si la sabes tratar. La gente no se da cuenta de que es increíble y eso te enseña el mar.
Yo agradezco mucho a Valparaíso porque me motivó a esto, al turismo azul. Vas tomando conciencia cuando te duele ver mares sucios, turbios, tu comienzas a ser parte del cambio y dejas de criticar. Entonces cuando vamos a nuestras travesías también incentivamos eso.
Hay mucha gente que tiene el poder de hacer las cosas bien, pero están de espaldas al mar, las decisiones se toman lejos del mar, lejos de donde ocurren los hechos. Por qué los niños no pueden entrar al mar, por qué se prohíbe a la gente; yo entiendo que no se pueda dar licencia a la gente discapacitada, pero eso no significa que no puedan entrar al mar. Ahí es cuando las alianzas estratégicas pueden ayudar.
