El descubrir personajes notables injustamente olvidados de la historia es una actividad inagotable para los investigadores y aficionados de cualquier país, especialmente si estamos en regiones como Latinoamérica y Chile en particular, donde el interés por el pasado se mezcla con una frágil memoria colectiva. Éste es el caso que afecta, entre muchos otros, al ingeniero emigrado de Alemania Karl Flach, quien debe ser considerado uno de los pioneros a  nivel mundial de la tecnología de navegación submarina, pese a haber quedado fuera de los listados oficiales de héroes nacionales.

Porque, sin exagerar, Flach también debe ser considerado un héroe, puesto que puso su trabajo, capital y talento y la invención resultante, de forma desinteresada, al servicio del país que lo había acogido, en un momento de amenaza por parte de una potencia mucho más poderosa. No sólo eso, este germano y chileno adoptivo incluso entregó su vida y la de su hijo mayor en el intento de ofrecer al país un medio de defensa.

Acaso las razones de su olvido en Chile se deban a que su trabajo y sacrificio se dio durante una época que este país ha preferido olvidar. Corría el año 1866 y el gobierno chileno se había involucrado en una guerra contra España por ir en defensa de su vecino del norte, el Perú, un conflicto que la posteridad ha considerado absurdo, y que hoy parece casi una comedia de equivocaciones.

Pero el caso es que la flota española bloqueaba el principal puerto chileno, Valparaíso, y los medios navales de los aliados americanos eran mucho menos poderosos. Entonces surgió el arma que suelen esgrimir los más débiles: frente a la fuerza, el ingenio, y es así como Karl Flach, que en ese entonces trabajaba en una fundición del puerto bloqueado, concibió la idea de construir un submarino que pudiese atacar a los buques hispanos sin ser detectado.

Flach había nacido en Dessau en 1825 y, siendo ya ingeniero, había emigrado a Chile en 1852, por razones no del todo claras. Al parecer, se debería a la persecución de las autoridades de su país por sus ideas liberales, tras el fracaso de la Revolución de 1848. Tanto así que según una versión, su verdadero nombre era Gottfried Cornelius, aunque el resto de su vida en Chile seguiría usando el de Karl Flach.

El sumergible que diseñó y fabricó en 1866 tenía una forma tubular (“buque cigarro” también se le llamó), con una pequeña torre para el comandante, un cañón en la proa como armamento y un sistema de propulsión a hélice, que se movía por la fuerza de brazos. Es decir, una concepción avanzada para la época, y bastante análoga al del CSS “Hunley”, utilizado por los confederados durante la Guerra Civil de los Estados Unidos.

El 31 de marzo de 1866, los buques españoles bombardearon al indefenso puerto de Valparaíso, retirándose días después, pero sin saberse si volverían. Entonces, Flach y su gente aprovecharon para hacer las primeras pruebas de su nave en la bahía, con resultados satisfactorios, como lo consignó la prensa de ese entonces. Pero en un nuevo ensayo, realizado el 3 de mayo, el sumergible no volvió a emerger, quedando en el fondo de la bahía, tras haber cobrado la vida de Flach, su hijo mayor y el resto de la tripulación.

Un equipo de buzos de la fragata HMS “Leander” de la Royal Navy intentó rescatar el pequeño buque infructuosamente, con el único resultado de realizar un plano confiable. Después, el olvido. Unos pocos autores de generaciones posteriores, como Manuel Torres Marín y Pedro Sapunar, han investigado a Flach y su invención, y un documental de TV estrenado en 2008, que contaba la historia y los fallidos intentos por localizar la nave, puso nuevamente de actualidad el tema.

Además de valeroso, este inventor fue un pionero sin duda alguna si se piensa que concibió esta arma para ofrecérsela a Chile pocos años después del mencionado CSS “Hunley”, y no mucho después que otro ingeniero de avanzada, el alemán Wilhelm Bauer, creara su sumergible “Brandtaucher”, en 1850. Más aún, se cree que el trabajo de Bauer fue conocido tanto por Flach como por Gustav Heyermann, otro ingeniero alemán también diseñó en Chile, en 1865-66, embarcación para navegar bajo el agua, el “Invisible”.

Más que meras curiosidades o invenciones fracasadas, estas naves y sus inventores merecen ser recordados como historias de innovación y de adelanto a su tiempo, y tanto Heyermann como Flach debieran ser considerados pioneros en la historia de la navegación.

FICHA TECNICA SUBMARINO FLACH

Clase:​​​ Submarino

Iniciado:​​ 1865 a 1866

Botado:​​​ Abril de 1866

Destino: ​​Hundido, 3 de mayo de 1866 bahía de Valparaíso, Chile

Desplazamiento: ~50 t

Eslora: ​​​12,5 m (40 pies)

Manga: ​​2,5 m (8 pies)

Armamento: ​​1 Cañón de retrocarga en la proa y 1 cañón pequeño en la torreta.

Propulsión: 2 Hélices impulsadas por un cigüeñal movido por la fuerza de los tripulantes.

Velocidad:​​ 2 – 3 Nudos

Autonomía: ​​8 Horas sumergido aproximadamente.

Tripulación: ​​11 Personas

Karl Flach era ingeniero, había fabricado cañones de retrocarga que eran una novedad para la época y, por último, Alemania era una potencia militar que ya tenía su propio submarino, así que se le dio credibilidad. El proyecto prendió rápidamente y le encargaron la construcción de la nave.

El invento de Karl Flach era simple. Totalmente hecho de fierro, el submarino tenía una eslora de 12,5 m, una manga de 2,5 metros y un peso cercano a las 100 t. Alcanzaba una velocidad de 2 a 3 nudos, impulsado a propulsión humana, con un sistema de cigüeñales y pedales que movían sus dos hélices, y se hundía con un ingenioso sistema de arrastre de pesos de un lado a otro de la nave. Su armamento consistía en un cañón de retrocarga ubicado en la proa y otro cañón más pequeño instalado en la torreta. Contaba además con un novedoso sistema de renovación de aire, por lo que su autonomía sumergido podía llegar a las 8 horas aproximadamente. Tenía una escotilla, pero no tenía periscopio, por lo que, cada tanto, el buque debía salir a la superficie para saber si iba en la dirección correcta.

El “Flach“, fue construido en Playa Las Torpederas y probado en abril de 1866 en la bahía porteña, sumergiéndose con un par de personas a 7,5 m y reapareciendo una hora después, sin inconvenientes.

 En 1866, Valparaíso era un puerto con una creciente actividad comercial, donde se había instalado a vivir la élite económica e intelectual del país. Las cabezas de sus habitantes estaban más puestas en Europa que en Chile y la imaginación de los porteños estallaba desde que hace algunos días sabían que frente a sus narices se realizaban las primeras pruebas de navegación bajo el agua, algo que ni siquiera habían leído en novelas de ficción. “Veinte mil leguas de viaje submarino”, de Julio Verne, se publicó cuatro años después, en 1870.

Sin embargo, los diarios veían con recelo este experimento. “Hay curiosidad y cierta burla en la prensa que ve dichos aparatos como una pérdida de tiempo y dinero”, decía El Mercurio de Valparaíso unos días antes de la prueba final.

Antes del 3 de mayo de 1866, Karl Flach ya había realizado varias pruebas de inmersión en forma satisfactoria y ésta era la primera en que se iba a aventurar un poco más lejos de la costa. Pero, según registros oficiales de la época, el alemán no avisó de este ensayo a la Armada. El Capitán de Fragata Galvarino Riveros notificó en una carta enviada al comandante general que el día anterior a la tragedia se encontró en la calle con Flach y que éste le dijo que no tenía fecha para una nueva prueba mientras no se mejorara de un resfriado.

Ese día, el ingeniero estaba exultante, preso de su propio entusiasmo. No sólo llevó a su hijo de 16 años al submarino, sino que intentó que lo acompañara una de sus tres hijas, lo que fue impedido por su esposa. Estaba decidido a comprobar hasta dónde podía llegar y, según un parte de la Gobernación Marítima, Flach desoyó los consejos del oficial naval a cargo y tampoco permitió que le engancharan una boya a la nave para monitorear la dirección que llevaba.

La tripulación la componían Flach y su hijo, los chilenos Adolfo Pulgar y Francisco Rodríguez, los alemanes Valentín Baum, Gustavo Maas, Augusto Warmuth, German Schmidt y Luis Grinewinke y 2 franceses, totalizando 11 personas.1 Las pruebas comenzaron con un par de inmersiones, desde las 9.00, reapareciendo sin novedad. En la tercera oportunidad, como se sabía de su larga autonomía bajo el agua, nadie se preocupó en demasía tras desaparecer de la vista, hasta avanzada la tarde. Nadie sabía dónde estaba exactamente, y al día siguiente, suponiendo la segura tragedia, se intentó ubicarlo a través de un buzo, quien encontró al “Flach” a 50 m de profundidad y enterrado en el fango de punta.

La noticia ocupó un par de párrafos en El Mercurio de Valparaíso del 3 de mayo de 1866:

“A las tres de la tarde no se ha visto todavía salir al bote submarino. Como a las nueve fue la hora en que empezó su navegación. Varias veces salió a flote y volvió a bajar. La última sumersión se hizo cerca del fondeadero de los vapores. Uno de los prácticos que andaba en un bote se aburrió de esperarlo y se vino a tierra. Diez hombres andan a bordo del bote submarino”.

La expectación que causó el hecho fue mayúscula. Atrapados en un submarino en el fondo de la bahía de Valparaíso, ocho, diez u once hombres, las versiones cambiaban con las horas. Centenares de curiosos repletaron el puerto para saber qué pasaba. Todo lo que se sabía era que la nave haría una prueba de seis u ocho horas, que en caso extremo podía soportar hasta catorce horas de inmersión y que la tripulación llevaba víveres. Para colmo, la máquina se había sumergido sin amarrar una boya a su casquete, por lo que no existía la menor señal de dónde pudiera estar. Un testigo dijo que a cierta distancia pudo divisar burbujas de aire que emergían desde el mar.

Al día siguiente, bajo el título “Desgracia lamentable”, la prensa relataba en detalle la tragedia:

“Ya está perdida toda esperanza; aquellos desgraciados han perecido víctima de su arrojo y de su falta de previsión (…) El constructor de la embarcación es un padre de siete hijos, el mayor de los cuales tendría unos catorce años, y lo acompañaba en su arriesgada empresa. Queda una viuda en el más absoluto desamparo. Esto es desgarrador”. Junto con agregar que entre la tripulación estaban, además, dos chilenos, dos franceses “y los demás (eran) alemanes”, la nota hace una larga crítica a la temeridad con que se actuó, pues se trataba de “una navegación más llena de peligros y menos experimentada que los viajes aéreos”.

Karl Flach y las 10 personas que lo acompañaban quedaron olvidados en el fondo del mar hasta que en el año 2006 una universidad quiso reflotar el submarino. Lo buscaron en medio de la bahía de Valparaíso e incluso el entonces candidato presidencial Sebastián Piñera, hoy Presidente de Chile, participó en la búsqueda sumergiéndose en el océano. Piñera llegó a ofrecer fondos para hallar el ingenio de guerra y rescatar su historia. Pero, tal como en 1866, cuando intentaron alzarlo del fondo marino sin éxito, esta vez tampoco hubo resultados positivos. De hecho, ni siquiera dieron con la embarcación.

“Lo han buscado en la bahía… imagínate. Yo pienso que el submarino Flach ahora bajo la ciudad”

dice Archivaldo Peralta, Historiador de Valparaíso. Sucede que desde 1866 Valparaíso le ha ganado terreno al mar y donde antes estaba la bahía hoy existen construcciones, incluso una turística plaza frente al edificio de la Marina Chilena.

“Es difícil precisar exactamente dónde podría estar, porque no existe documentación. Pero el barco está en la ciudad y los que lo buscan en el mar pecan de desinformación”,

dice Peralta apuntando a un antiguo mapa de Valparaíso.

Los intentos por encontrar la máquina y los 11 cuerpos que descansan en ella han sido, hasta hoy, infructuosos. “La memoria de su grande empresa no debe sepultarse en la indiferencia de los vivos”, decía un anónimo cronista del diario “El Mercurio de Valparaíso” el 6 de mayo de 1866. Con ampulosidad, pero sincera preocupación por el futuro de una familia sufriente, el mismo periódico añade que

“el alemán Flach ha muerto sirviendo a Chile, consagrándole su trabajo, su vida y la de su hijo. El Estado recompensa a los que mueren en el campo de batalla. Toca a Chile reconocer esta deuda a nombre de la humanidad”.

Fuentes: 

https://es.wikipedia.org/wiki/Submarino_Flach

Diego Zúñiga

www.dw.com

www.bentos.cl

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